Una carta a los padres

Por Jaime Zumwalt
Un poder increíble descansa en manos de los padres. Como padres cristianos tenemos la libertad y la habilidad para encaminar a nuestros hijos a una apasionada relación con Jesús y Su Reino en la tierra. Educamos a nuestros hijos en la iglesia, llevándolos a la escuela dominical y haciéndolos participar en cualquier actividad relacionada; todo esto con la esperanza de que crezcan siendo “buenos cristianos”.

Estaba hablando con la madre de unos adolescentes, y estaba preocupada, platicandome algo de su filosofía en la educación de los hijos. Tenía la impresión de que era algo equivocado tratar de influir en las decisiones de sus hijos – sus carreras, sus elecciones, etc. Ella pensaba que se rebelarían si imponía sus propios deseos sobre sus vidas. También había visto como otros padres que trataban de persuadir a sus hijos en pasatiempos o carreras eran decepcionados por el desinterés de sus hijos, y ella no quería resultar culpable por la irresponsabilidad de los hijos.

¿Cuántos de nosotros hemos preguntado a nuestros hijos, “qué quieres ser cuando crezcas”, pensando que los ayudamos a desarrollar un sentido de identidad personal? Esta es la pregunta que nuestra cultura nos ha enseñado a preguntar. Así, esta querida madre, con sus hijos convirtiéndose en adultos se ha dado cuenta que algo ha resultado errante en su filosofía de educación de los hijos. Quizá demasiado tarde se dio cuenta que ella deseaba que sus hijos sirvieran a Jesús en el ministerio, pero jamás se los había sugerido. En lugar de preguntarles que es lo que quieren ser, deberíamos preguntar: “¿Qué quiere Jesús que seas cuando crezcas?.”

Estamos de acuerdo en nuestro deseo de que nuestros hijos crezcan en conocimiento y obediencia de Cristo. Pensamos en las cosas negativas, las áreas de pecado, que queremos que ellos se eviten siendo cristianos, y pensamos en las bendiciones que recibiran si escogen ser cristianos. Ser “cristiano” significa estar sometido a Cristo. Él es nuestro Rey. Nuestra vida es una extensión de su vida. Como Pablo dijo; “Ya no vivo yo, sino Cristo en mí.” Ya no somos alguien que pueda hacer decisiones sobre su propia vida. No elegimos a que universidad ir. No elegimos si queremos ser doctores o abogados o administradores. Todas las decisiones de nuestra vida están sometidas a nuestro Rey, Jesús. ¿Enseñamos a nuestros hijos a preguntar a Cristo cuál es Su plan para sus vidas?

He leído historias de misioneros de generaciones pasadas, quienes dejaron sus paises en un barco con sus familias despidiéndose en el muelle. Aquellas despedidas son muy diferentes de las despedidas de misioneros hoy en día. Algunos de aquellos misioneros se vendieron en esclavitud, para poder estar cerca de aquellos que necesitaban a Jesús. Misioneros en Africa que empacaban sus pertenencias en ataúdes. Ellos, y sus padres, sabian que la expectativa de vida en el campo misionero era alrededor de dos años. Si, habia un gran dolor en la separación, pero también había un sentimiento de gozo en obedecer el Supremo llamamiento en la vida de sus hijos.

El propósito de Dios para la iglesia esta claramente definido en la Escritura. Vivimos para ser parte de los propósitos de nuestro Padre, que es redimir pueblos de cada lengua, tribu y nación. Todos nuestros recursos deben ir hacia terminar esta tarea. ¿Hemos considerado que nuestros hijos son un recurso que Dios ha puesto en nuestras manos? Sólo los tenemos un poco tiempo, y entonces van a vivir sus propias vidas.

Quizá mi memoria este mal, o fue producto de mi ambiente particular, pero crecí con un sentido de que recibir un “llamado” de Dios al ministerio era la mayor clase de vocación. Recuerdo las expresiones de orgullos en los rostros de las madres cuando se hacia un anuncia de que uno de sus hijos respondia el llamado de Dios al servicio. Los misioneros eran honrados en nuestra iglesia, y los niños los observaban con reverencia. Ahora, que soy adulta, me doy cuenta que los misioneros no son mas espirituales que cualquier otro cristiano, aunque, hay un sentido de que Dios los ha elegido para hacer Su trabajo y recibir las recompensas al llevar una gran cosecha de la vida trabajando en Sus campos.

Hoy, en esta época, la atmósfera es muy diferente. Frecuentemente hablo a jóvenes que escuchan el llamado de Dios a un campo extranjero, y me desilusiona escuchar que sus padres cristianos no los quieren dejar ir. Las dificultades de dejar la propia cultura e ir a otros pueblos son abundantes, pero el mayor obstáculo para esos jóvenes, llamados por Dios a ir, es la constante suplica de sus padres para que no vayan. Muchos enfrentan un sentimiento de culpa y vergüenza porque sus padres no están complacidos con su “elección.”

¿Qué esperamos de nuestros hijos? ¿Cuál es nuestra visión sobre sus vidas? ¿Estaremos complacidos de verlos caer en la misma existencia de muchos de nosotros – trabajar, comer, comprar, dormir – para levantarnos mañana y volver a hacer lo mismo? ¿Para qué? ¿No estaríamos asustados de que fueran a hacer algo por el Reino de Dios, que sus vidas cuenten por eternidad, que a través de ellos y sus esfuerzos, Jesús traiga a pueblos al Reino que de otra forma jamás hubieran sabido de Él?

Recuerdo un viejo himno, “O Sion.” Que es un llamado para la iglesia para dar todo lo que tiene por el trabajo del Reino. La última parte dice, “Envía a tus hijos, a llevar el mensaje glorioso. Que su salud les de velocidad en su camino. Derrama tu vida en oración por ellos. Y todo lo que inviertas Jesús te lo recompensara.”

¿Podríamos hacerlo? “Enviar” no es una palabra pasiva. No estamos sentados, esperando que nuestros hijos se acerquen un día y digan: “Dios me ha llamado al campo misionero.” Conozco a otra madre que una vez me dijo cuando sus hijos estaban jóvenes, “Creo que sería maravilloso si mis hijos fueran misioneros cuando crezcan.” Al menos que formemos los modelos de nuestros hijos, y los animemos con el ejemplo de aquellos misioneros que dieron su vida por el Evangelio, nuestros hijos simplemente escogerán vivir el sueño americano.

¿Quién nos dio la idea de que no debemos influenciar la vida de nuestros hijos? La Escritura dice que debemos “instruir al joven en su camino.” Cada hijo tiene un camino por el cual ir. Cada hijo tiene un destino que Dios ha planeado. Nuestra responsabilidad como padres es encontrar cual es el camino de Dios por el que ellos deben ir y enseñarlos en este camino. Si no influenciamos a nuestros hijos, alguien mas lo hará. Publicidad, músicos y artistas pervertidos estrían muy contentos de conformar a nuestros hijos en su imagen.

Recuerdo que una vez de joven, diciendo a mi padre que queria ser doctora. El dijo, “¿Qué piensas de ser predicadora? Quizá Dios quiere que seas predicadora.” Recuerdo que pensé, “Las muchachas no son predicadoras,” y seguí mi camino. Su respuesta me sorprendió, pero se ha quedado en mi espíritu desde aquellos años, animándome en el servicio a Cristo con mi vida, mas allá de mis sueños y expectativas. Padres, tenemos el poder de moldear y formar a nuestros hijos, mientras Dios nos dirige, a ser una generación de jóvenes cristianos que pongan al mundo de cabeza con el Evangelio y, ¡sean la generación que establezca el Reino de Cristo entre cada lengua, tribu y nación!

No debe ser una sorpresa, cuando uno de nuestros hijos diga, “Voy a Africa como misionero,” porque ya hemos escuchado desde que eran pequeños el plan que Dios tenía para ellos, y estaremos animándolos y guiándolos en esa dirección durante años. Podremos ser capaces de regocijarnos cuando veamos que cumplen su Supremo llamamiento.

(Carta a un estudiante)
Muy querida hija,
Leí tu ultima carta antes de irte esta mañana. Esto ocasionó que pensara mas realistamente en el hecho de que te vas a África, tal vez la muerte te espere por enfermedad, persecución, accidente o muchas otras cosas. Aunque me da miedo, al mismo tiempo, prefiero perder a mis hijos en la empresa misionera que tenerlos persiguiendo pasiones mundanas y morir en el proceso. Te he entregado completamente al Señor y oro mientras te vas, nuestros corazones iran contigo. Pido a Dios que llene nuestro espíritu en Su servicio.

Con amor,
mama