Lo Prescindible de la Vida

Por Roberta Winter

Escena 1: Verano de 1951
(Era nuestra segunda cita. Ralph y yo estábamos sentados en el pasto conociéndonos cerca de Rose Bowl. Dos semanas antes fue nuestra primera cita.) “Quiero que sepas que en verdad soy… uh… una persona radical,” me dijo Ralph. Mi madre a menudo se desespera conmigo. En un punto, hasta me había negado a llevar vestido a la iglesia.” Esperaba una explicación.

Él parecía vestirse como cualquier otro – camisa deportiva y pantalón. Nada elaborado, pero nada extraño. “Algunos de mis amigos y yo habíamos estado leyendo sobre varios santos de la historia, y no podíamos ver porque Dios no esperaría tanto de nosotros como de ellos. Llevar corbatas, por ejemplo. No parecía correcto comprar corbatas cuando gente de todos lados muere de hambre. Yo calculo que los americanos poseen unos $500,000,000 en corbatas. “Pero aora si usas, ¿o no?” le pregunte. “Sí, pero no por la razón usual. Las uso solo para no ahuyentar a los nativos.” Y se río al mencionarlo con sus manos hacía unas personas sentadas un poco cerca. No entendí completamente lo que estaba diciendo. Gradualmente me di cuenta de que, como Pablo dijo, no solo vivimos para nosotros (I Cor. 10).

Nuestra convicción de cómo el Señor quiere que vivamos debe balancearse con sus efectos sobre los demás. ¿Nuestro estilo de vida dirige a otros a Cristo o es una barrera que los aleja de Él? Cuando entendí, fue capaz de identificar lo que se ha convertido para nosotros en un principio básico de la vida: Principio Uno: Nuestro estilo de vida debe complacer al Señor, y no debe ser en lo mas mínimo escandalosamente diferente al de aquellos entre los que caminamos como para hacer inteligible el mensaje que deseamos comunicar. Ciertamente ese día en el parque no fue mi primera exposición a un estilo de vida sencillo. Nacida durante la depresión, podía recordar cumpleaños celebrados con solo un lápiz. Ahora podíamos comer carne cada día. Si necesitaba un vestido, podía comprarlo. Además, mucho antes de que conocí a Ralph, Dios tocó mi estilo de vida cuando me pregunte a mí misma, “¿Seguiré al Señor aunque nadie lo entienda?” Mientras hablábamos ese día, sabía que sería un reto emocionante casarme con este hombre. Me enseño economía aquí y allá, pero principalmente hablo de sus sueños, sus ideales, sus metas que se habían derivado de su caminar con el Señor.

Estaba fascinada con aquellos sueños. Algunos solo eran sueños. Otros se estaban convirtiendo en realidad. A causa de sus esfuerzos como estudiante en el seminario, un grupo de cristianos estaba en Afganistán enseñando ingles y comenzando una escuela de ingeniería. Estaba emocionado con sus estudios de doctorado en lingüística porque él quería hacer los lenguajes bíblicos más útiles al pastor y misionero promedio. Ya tenía preparación en el léxico griego que esperaba usar en el texto bíblico para evitar cientos de páginas para buscar una palabra. En su cabeza estaban las ideas detrás de lo que recientemente había sido publicado: La Concordancia de Estudio de la Palabra y el Estudio de la Palabra del Nuevo Testamento. Ese día comprendí un poco de la emoción que él sentía al hacer algo creativo para el Señor, algo que haría una diferencia al extender el evangelio.

Cualquier emoción que yo hubiera sentido por nueva ropa y una casa bonita palidecían en comparación a su emoción. Mucho después descubrí que John Wesley también tenía la misma clase de emoción y la llamó “el poder excluyente de un nuevo afecto.” Wesley podría haber sido rico, pero estaba tan emocionado cumpliendo cosas para el Señor que no podía ser molestado. Cuando murió, poseía solo dos cucharas de plata, pero era conocido y amado en los pueblos más pequeños de Inglaterra por la luz que había traído. Durante los primeros años de matrimonio, nuestro problema no era si debíamos vivir con sencillez. Una vez que elegimos los sueños, no teníamos alternativa. Ralph estaba en la escuela de graduados, y pensaba que yo podría haber ganado un buen salario como enfermera registrada, yo prefería ser parte de aquellos sueños trabajando con él en sus estudios. Trabajaría por un tiempo para hacer unos ahorros, entonces investigar para él hasta que se terminaran los ahorros. Repetíamos el ciclo cuando era necesario. Después de que terminó su disertación, nacieron nuestros dos primeros hijos. Entonces no podía trabajar ni hacer investigación documental. Para entonces Ralph había regresado al seminario, y tuvimos que ajustarnos a lo que él ganaba como pastor estudiante y como ingeniero de medio tiempo. Nuestro ingreso era tan exiguo que cuando nos convertimos en misioneros, se triplicó.

Escena 2: Junio de 1957
(Estábamos recién llegados a las montañas de Guatemala. Nuestra asignación era trabajar con una docena de congregaciones entre los indios Mam, uno de los pueblos mas pobres en el hemisferio.)

Estaba embarazada. La camioneta con nuestras pertenencias llegó cubierta de polvo del viaje por el camino angosto que pasaba por las montañas hasta nuestro valle. Juntamos nuestros baúles y colchones y nuestra lavadora de gas – algo que considerábamos “esencial” con nuestros tres pequeños hijos. Una multitud de mirones curiosos nos rodeo – ¡y a todas esas cosas! “¿Porque nos miran?” pensé irritada. Luego, un joven pregunto algo que nunca me había molestado en inquirir. “¿Cuánto costaba todo eso?” Descalzo, con ropa que tenía los parches parchados, apuntaba a un colchón. También había estado mirando la lavadora, obviamente preguntándose que podría ser.

Nunca en toda su vida había visto una maquina como esa. Los colchones que había visto eran bolsas rellenas con paja. ¿Qué podría decirle? Habíamos traído lo que nos parecía ser tan poco. Sin embargo sabía que un mes de salario del joven no era suficiente para el enganche de un colchón, y yo me sentía defensiva. Pude haber vendido todo lo que era lujoso a los ojos de esta gente. Rápidamente podría identificarme con ellos si lo hacía. También sabía que sin esos pequeños “lujos,” estaría atada al trabajo de la casa. Estas cosas podrían permitirme hacer en una hora lo que podría demorarse todo el día. Aun contratar ayuda hubiera sido lujoso en sus ojos. Yo no quería que toda mi experiencia misionera fuera dedicarme al hogar. Seguramente Dios me había llamado a mas que a eso. Tenía que elegir entre sencillez y como gastar mi dinero y sencillez y como gastar mi tiempo. Sin embargo, no podía cerrar mis ojos a la pobreza de esta querida gente.

No podía olvidar que Juan dijo: “pero el que tiene bienes de este mundo y ve a su hermano tener necesidad, y cierra contra él su corazón, ¿cómo mora el amor de Dios en él?” (I Juan 3:17) Nos tomó varios meses ajustarnos a la incomoda idea de siempre tener mas “cosas” que esta gente. Dudaba si pudiéramos haber sobrevivido en su nivel económico, pero en nuestra larga carrera hicimos todo lo que pudimos para vivir en una forma que al menos ellos pudieran aspirar. Compramos solo la clase de cosas que ellos como grupo podrían permitirse. También evitamos pequeños lujos como refrescos. En aquellos años aprendí un nuevo principio:

Principio Dos: Un estilo de vida sencillo para nosotros puede parecer extravagante para la mayoría de la gente en el mundo. Aun en el aislamiento geográfico no se reduce nuestra obligación ante los ojos de Dios con la gente a la distancia.

Escena 3: Otoño de 1961
(Estábamos regresando de nuestra licencia después de nuestros primeros cinco años en Guatemala. Ralph y yo entramos a una farmacia americana para surtir una prescripción. Espere veinte minutos al farmacéutico y cuando regrese encontré a Ralph cerca de la caja algo aturdido, mirando al mostrador lleno de jirafas rosas, elefantes morados, y monos verdes.)

“Roberta, he caminado por toda la tienda, y no hay ninguna cosa que llevaría a la casa aunque me la dieran.” Entre muebles mal hechos, joyería de fantasía, y muchísimos juguetes. “¿Realmente creen que pueden vender estas cosas a gente pensante? Todavía no estamos seguros. Después de Guatemala, la sociedad americana parece tan llena de trivialidades – cosas que pronto serán mas montón en las ventas de garaje. Pero nuestras cuatro pequeñas hijas estaban deslumbradas. “Papá, tenemos suficiente dinero para comprar…?” preguntaban. Él inevitablemente contestaba, “¡Claro que podemos! Pero, ¿queremos eso?” Seguía una larga discusión, poniendo “las cosas” en su propia perspectiva sin hacer a las niñas sentirse privadas y pobres. Las licencias siempre fueron un problema. De ser la gente más rica en nuestra comunidad guatemalteca, nos convertíamos en los pobres misioneros en los ojos de los demás. Aunque nuestro salario misionero siempre nos había parecido adecuado.

Se ajustaba año con año con nuestro costo de vida. Recibíamos dinero para cubrir la mayoría de nuestros gastos médicos y dentales. También recibimos el beneficio de un fondo para ayudar con la educación de nuestras hijas. No pagamos impuestos. Recibimos nuestra casa. No fue difícil para nosotros vivir con nuestro salario misionero porque sabíamos que estábamos aquí temporalmente. Así que no fuimos tentados a contactar a amigos en Estados Unidos. De regreso en el campo no necesitábamos ni queríamos un radio, una televisión, o lo último en aparatos de cocina. Nunca dudamos en comprar algo que simplificaría nuestras vidas, dejándonos mas tiempo para cosas más importantes. Pero determinamos lo que queríamos. Nosotros, no la televisión ni presión social, decidimos que nos era útil. Y tratamos de enseñar a nuestras hijas lo que para nosotros se había convertido en un principio de vida: Principio Tres: Realmente no necesitamos la mayoría de las cosas que nuestra cultura nos impone. Una vez que aprendemos a resistir la presión social, es mucho más fácil determinar lo que realmente queremos o necesitamos.

Escena 4: Invierno de 1968
(Después de nuestra segunda licencia, debido a algunas presiones, nos quedamos en Estados Unidos. Ralph se convirtió en profesor en la recién abierta Escuela de Misiones Mundiales, y de pronto nos encontramos en un mundo diferente. Ralph tenía que asistir a eventos importantes y recibir dignatarios visitantes. Como ya no necesitaban una casa grande, mis suegros se mudaron a un apartamento dándonos su casa y todos sus muebles. Un día mi hermana vino a verme.)

“Roberta, probablemente estarás en el país por un tiempo. ¿Por qué no compras muebles nuevos? Este estilo español esta pasado de moda.” Me tomo por sorpresa. Los muebles eran mejores de los que alguna vez hubiéramos tenido. En verdad, el sofá necesitaba ser tapizado y la mesa arreglara. Pero me gustaba el estilo. ¿Por qué gastar dinero en algo que mi hermana escogería? Ralph y yo descubrimos su sugerencia esa noche. “¿Se veían mal los muebles?” Pregunté. “¿O crees que debemos ignorar lo que se ve bien?”

“No te preocupes, Roberta,” él dijo. “Hace mucho decidimos no permitir a otros dictar nuestro estilo de vida. Tenemos suficiente dinero para comprar nuevos muebles si queremos, pero eso no nos obliga a comprarlos. ¿Por qué no podemos continuar viviendo como si fuéramos misioneros en licencia, comprando solo lo que necesitamos? Si les permitimos darse cuenta que elegimos vivir de esta forma, quizá dejaran de preocuparse por nosotros.” Permítame expresar esta idea de forma diferente:

Principio Cuatro: No debe haber ninguna conexión entre lo que ganamos y lo que necesitamos gastar. No compras cosas solo porque tienes dinero. Con este principio, el dinero inevitablemente se acumula. Seguimos este principio como misioneros; entonces cuando parecía necesario comenzar una nueva casa de publicaciones especializada en libros de misiones, teníamos el dinero necesario. Lo que nos animó a una mucho más grande empresa, el U.S. Center for World Misión. Diferentemente, un grupo de 120 personas en Miniápolis había vivido por años con solo una porción de su ingreso por grupo usando el resto para apoyar docenas de sus miembros como misioneros. Qué habría sucedido en el mundo si más cristianos evangélicos reconocieran que Dios los bendice con dinero para hacerlos una bendición y no para consentirlos. ¡Cuánto dinero estaría disponible para causas mucho mas estratégicas! Hubiera sido más fácil entender que Cristo no nos pide ser “exitosos” sino siervos (Marcos 10:44).

Escena 5: Verano de 1978
(Estábamos sentados en una gran mesa en el Nuevo U.S. Center for World Mission. Estábamos veinte personas con bloques de hojas contables y una copia de un manual para levantar ingresos.)
“Una de las primeras cosas que tendrán que aprender para levantar soporte es como vivir con tu ingreso,” les dijo Ralph. “Nuestro nivel de soporte es básicamente el mismo que en Campus Crusade. Para aquellos de ustedes que han tenido trabajos bien pagados, esto será muy difícil. “Para quienes acaban de salir del colegio, parecerá mucho. Queremos que todos tengan suficiente para sus necesidades y un poco ahorrado para usar como el Señor dirija. Creo que es un ejercicio importante dar dinero a alguien más.”

“Parkinson enunció una ley que dice que ‘el gasto aumenta hasta el monto del ingreso.’ Yo creo que debería haber otra que diga, ‘cuando el ingreso disminuye, el gasto también disminuye.’” “La mayoría de la gente no tiene idea donde gasta el dinero. Consecuentemente, la idea de vivir con menos los asusta. Para saber exactamente lo que hacemos, nuestra familia ha usado un sistema básico de contabilidad familiar.” “Mes a mes podemos ver como nuestro ingreso esta cambiando. Esto nos ayuda a decidir si estamos gastando mas de lo que deberíamos. Terminamos cada mes con un estado de perdidas y ganancias y un balance igual que una empresa comercial.” Poco a poco mi esposo les explico un proceso simplificado de entradas y salidas. Las lecciones eran importantes, aun para aquellos que nunca las dominaron. Por meses muchos de nuestro staff vivieron con mucho menos de su suporte completo, y estaban sorprendidos. Dios suplía de formas inusuales, y ellos aprendieron a comprar mas eficientemente. Sin embargo, lo más básico era el hecho de que todos estábamos juntos en esto. Mas de las sugerencias y claves que pudiéramos dar a los demás, desarrollamos cierto sentido de camaradería mejor expresado en otro principio:

Principio Cinco: ES más fácil adoptar un estilo de vida sencillo si te unes a un grupo que acuerda junto vivir con lo menos. Entre otras lecciones igualmente valiosas, aprendimos que Dios realmente nos cuida si hacemos de Sus asuntos nuestra más alta prioridad (Lucas 12:31). Aprendimos que la sencillez de la vida significa mucho mas de la forma de gastar nuestro dinero. También significa estar dispuesto a vivir para el Señor, sin preocuparse por hacer una buena impresión (Col. 3:12). Significa estar dispuestos a ser siervos de Dios en los trabajos donde Él nos ha colocado, reconociendo que aún Cristo estaba bajo autoridad para servir antes de ser servido. Aprendimos que nuestro dinero, como nuestras vidas, era nuestro solo porque El nos lo había dado; consecuentemente era Su señal y llamado cuando veíamos que Él proveía. Como un grupo aprendiendo a como vivir de esta nueva forma, llegamos a valorar lo que Jesús quería decir cuando dijo, “todo el que pierda su vida por causa de mí y del evangelio, la salvará” (Marcos 8:35).

Escena 6: Marzo 16 de 1979
(Tres generaciones reunidas alrededor de un libro, leyendo un párrafo a la vez. El Dr. y la Sra. McGavran en sus ochenta como misioneros muy estimados, Ralph y yo en una edad media, y ocho jóvenes. El libro era la historia de John R. Mott en los primeros días del Movimiento Voluntario Estudiantil para Misiones Fronterizas, escrito en 1892.) “¿Podemos hacerlo otra vez?” Era la pregunta en cada corazón. “En 1870 otros cuatro estudiantes, orando por el mundo dijeron, ‘¡Podemos hacerlo si queremos!’ Cuando dijeron eso, no había sociedades misioneras en América y solo una o dos en Inglaterra. Casi todo del trabajo misionero protestante todavía estaba por delante.”

“Hoy existen mas de 600 agencias misioneras solo en América,” dijo Ralph. “También tenemos miles, quizás millones de jóvenes evangélicos. No todos tendrán la visión de los lugares no alcanzados, pero solo Singapur tiene 600 jóvenes chinos listos para salir.” “Pero mira,” dijo Brad, “tanto en 1807 como en 1892 los estudiantes tenían un lema. Nosotros también debemos tener algo que aliente los corazones de nuestra generación.” “¿Qué tal ‘Una Iglesia para Cada Pueblo para el Año 2000?’” alguien dijo. Había electricidad en el aire. Nunca he sentido tal temor reverente santo como sentí aquella noche.

¿Podremos hacerlo? ¿Podrán hacerlo? La vida del Dr. McGavran casi estaba terminando, quizás la nuestra estaba por pasar. Durante los siguientes veinte años el trabajo de misiones tendría que ser responsabilidad de estos jóvenes y miles como ellos. Muchos de su edad eran absorbidos por buenos empleos o amueblando sus casas. ¡Pero no estos! Ellos tenían una visión más alta. Sus corazones conocían la mano de Dios sobre sus hombros. Otros de su edad habían experimentado lo mismo, este “poder excluyente de un nuevo afecto” que minimizaba cualquier objetivo. Para Peter pescar por pescar no tenía atractivo. El mismo joven Wesley abandono sus altas conexiones eclesiásticas por el campo y campos minados porque la mano de Dios estaba con él. Carey, solo un pobre zapatero, se convirtió en el más grande misionero de la historia, involucrado en todo desde educación hasta comercio y leyes y traducción de la Biblia, todo por el evangelio.

Wilberforce invirtió sus riquezas en una legislación para los esclavos. Y la lista sigue y sigue. A menudo me he preguntado, con la oportunidad que Cristo dio al joven rico – del único que se escribe, “Jesús lo vio y lo amó” (Marcos 10:21) Pero termino como un rico desconocido. ¿Se hubiera convertido en un Pablo, un Lutero, un Wesley? Pero él era rico, y “los afanes de este siglo, y el engaño de las riquezas, y las codicias de otras cosas, entran y ahogan la palabra, y se hace infructuosa” (Marcos 4:19). Principio Seis: El fundamento de un estilo de vida sencillo es “el poder excluyente de un nuevo afecto.” Es este el que hace a los objetivos del mundo y al hacer dinero parecer nada importantes. Es este amor de Cristo y Su causa que hace que la vida sea vida verdadera. Es esto de lo que habló Henry Varley cuando dijo, “Todavía el mundo tiene que ver lo que Dios puede hacer con un hombre que esta completamente comprometido con Él.” ¡Es este nuevo afecto lo que hace al estilo de vida más sencillo realmente glorioso!