El Propósito Inmutable de Dios

Anónimo

Los discípulos habían caminado con Jesús por tres años y aunque habían estudiado la Ley y los Profetas y los Salmos, todavía tenían que entender su significado hasta el capitulo final de Lucas, donde leemos…

“Entonces les abrió el entendimiento para que comprendiesen las Escrituras, y les dijo, ‘así está escrito, y así fue necesario que el Cristo padeciese, y resucitase de los muertos al tercer día; y que se predicase en su nombre el arrepentimiento y el perdón de pecados en todas las naciones, comenzando desde Jerusalén. Y vosotros sois testigos de todas estas cosas.” (Lc. 24:45-48)

Como los discípulos, ¿cuántos cristianos hoy también necesitan que sus mentes sean abiertas para entender las escrituras? ¿Tu entiendes las Escrituras?

En el sexto capítulo del libro de Hebreos el escritor exhorta a sus lectores a dejar la enseñanza elemental sobre Cristo y a procurar la madurez. (Jesús estaba haciendo lo mismo con sus discípulos al hablarles en el pasaje anterior) Como Jesús, el autor de Hebreos hace una lista de algunas doctrinas básicas cristianas de arrepentimiento, fe, bautismo, resurrección, imposición de manos, y juicio eterno, llamándolas enseñanza básica sobre Cristo.

No sabemos mucho sobre el escritor de Hebreos. Existe un debate sobre quien fue exactamente el autor, pero los estudiosos bíblicos de todas partes están de acuerdo en que quien quiera que fuera, Pablo, o Apolos, o alguien mas, la persona que escribió Hebreos era un astuto teólogo que conocía bien las Escrituras. Así, cuando nos enfocamos en entender las Escrituras, contamos con una guía probada del primer siglo para ayudarnos.

Desde que el autor comienza el capitulo sexto, “Por lo tanto, dejando ya los rudimentos de la doctrina de Cristo,” podemos esperar que un teólogo como este nos dirija en asuntos mas profundos de Dios. Debes recordar que al final del capitulo cinco el escritor había amonestado a sus lectores, “Porque debiendo ser ya maestros, después de tanto tiempo, tenéis necesidad de que se os vuelva a enseñar cuales son los primeros rudimentos de las palabras de Dios; y habéis llegado a ser tales que tenéis necesidad de leche, y no de alimento sólido…” (Hebreos 5:12). Y los exhorta a seguir adelante en el capítulo seis.

Después de dar algunas ilustraciones sobre aquellos que caen (Heb. 6:4-8), el escritor comienza a señalar el camino en vs. 9. “Pero en cuanto a vosotros, oh amados, estamos persuadidos de cosas mejores,” y continúa animando a los lectores a ser, “imitadores de aquellos que por la fe y la paciencia heredan las promesas.” (Hebreos 6:12)

“Porque cuando Dios hizo la promesa a Abraham, no pudiendo jurar por otro mayor, juró por sí mismo, diciendo: De cierto te bendeciré con abundancia y te multiplicaré grandemente.” (Hebreos 6:13-14)

¿Qué es esto?
El Todopoderoso se ha enlazado a Sí mismo ¡con un juramento!

Seguramente, aunque repentinamente y sin aviso, hemos encontrado tema del mundo. “Por lo cual, queriendo Dos mostrar más abundantemente a los herederos de la promesa la inmutabilidad de su consejo, interpuso juramento.” (v.17) Y mas sorprendentemente, vemos la razón por la que Dios se enlazo a Sí mismo con juramento fue mostrarte a ti y a mi la inmutabilidad de Su consejo. Pero, ¿qué es este consejo inmutable?

El contexto de Dios comprometiéndose con un juramente viene de Génesis 22 y el intento de sacrificio de Isaac. Después que el Señor detuvo a Abraham, leemos, “Y llamo el ángel de Jehová a Abraham por segunda vez desde el cielo. Y dijo: Por mí mismo he jurado, dice Jehová, que por cuanto has hecho esto, y no me has rehusado tu hijo, tu único hijo; de cierto te bendeciré, y multiplicaré tu descendencia como las estrellas del cielo y como la arena que está a la orilla del mar; y tu descendencia poseerá las puertas de sus enemigos. En tu simiente serán benditas todas las naciones de la tierra, por cuanto obedeciste a mi voz.” (Gen. 22:15-18)

Y así con un juramento, el Señor de todo el universo, se compromete con la promesa de que hombres y mujeres de cada grupo étnico de personas recibirán salvación en la simiente de Abraham, nuestro Señor Jesucristo. Este es el consejo inmutable de Dios. Debemos notar con bastante interés, y ciertamente que no es casualidad que este es el mismo mensaje que Abraham recibió de Dios la primera vez que el Señor le hablo en lo que se conoce como el Pacto Abrahamico, ‘vete de tu tierra y tu parentela, y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré… y te bendeciré… y serán benditas en ti todas las familias de la tierra.’ (Gen. 12:1-3)

Si vemos de nuevo las palabras de Jesús en Lucas 24, “así fue necesario que el Cristo padeciese, y resucitase de los muertos al tercer día; y que se predicase en su nombre el arrepentimiento y el perdón de pecados en todas las naciones…,” podemos observar claramente la conexión entre la Gran Comisión y la promesa en la última parte del Pacto Abrahamico. Lo que no es familiar para la mayoría de los cristianos es que esta ultima parte del Pacto Abrahamico es la definición bíblica de evangelio. “Y la Escritura, previendo que Dios había de justificar por la fe a los gentiles, dio de antemano la buena nueva a Abraham, diciendo: En ti serán benditas todas las naciones.” (Gal. 3:8)

Pregunta: Antes de ahora, ¿entendías que esto era el evangelio? Que irónico, aunque en lo profundo sabemos que es verdad, por alguna razón es difícil aceptar el hecho que las misiones es el consejo inmutable de Dios. Nuestro Dios es un Dios misionero que ha tenido el plan de atraer hombres y mujeres de cada tribu y lengua a Si mismo desde la fundación del mundo. Esto es Su evangelio, y es un plan y un consejo inmutable en el cual nos invita a participar, y aun muchos cristianos se retraen de involucrarse en misiones. Las reuniones misioneras son a las que menos se asiste entre todas las actividades de la iglesia. ¿Por qué sucede eso? ¿Cuál es el problema?

Parcialmente, es un problema de malos entendidos. Muchos cristianos simplemente no se dan cuenta que misiones es el propósito inmutable de Dios. Recibimos con alegría la primera parte de Romanos 8:28, sin aceptar la implicación que le sigue. “Y sabemos que a los que aman a Dios todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a Su propósito son llamados.” Sin sensatez permitimos que otras cosas tengan prioridad, pensando indulgentemente que es suficiente solo amar a Dios, aunque Jesús haya dicho claramente, “Si me amas, guarda Mis mandamientos.” Y también hay un problema de obediencia. El llamado misionero ha existido desde el principio cuando el Señor hablo primeramente a Abram, “Vete de tu país… a la tierra que yo te mostrare,” y todavía muchos cristianos dicen, “No.”

¿No? ¿por qué? Este verso en Génesis 12:1 parece tan traumático que difícilmente llegamos al verso dos, “Y te bendeciré.” ¿Dios no cumplió su promesa a Abraham? “Y te haré una gran nación… y engrandeceré tu nombre, y serás bendición.” Y ¿no guarda Dios Sus promesas a ti y a mí cuando al igual que Abraham obedecemos la voz de Dios?

Jesús dijo, “Ir y haced discípulos a todas las naciones.” (Mateo 28:19) Y ahora observa en Juan 15:10-11. “Si guardareis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor… estas cosas os he hablado, para que mi gozo este en vosotros, y vuestro gozo sea cumplido.”

¿Gozo? ¿Misiones? Posiblemente nunca habías pensado que el involucrarse en el mandamiento de Cristo de hacer discípulos de todas las naciones pudiera brindarte gozo. ¿Podrían las misiones ser una parte clave en la vida abundante que Jesús vino a darnos? Quizá esto merece tu consideración.

Si, Dios tiene un propósito inmutable en medio de todas las corrientes que distraen que corren hoy a través del cuerpo de Cristo. Para aquellos que eligen involucrarse con El en Su propósito Él promete que todas las cosas ayudarán para bien. Para aquellos que eligen seguir su propio camino y hacer su voluntad aunque hayan sido comprados por la sangre de Cristo, la vida puede ser muy frustrante, una desilusión, y carente de gozo. Que aquellos que tengan oídos, escuchen y entiendan, “cualquiera que quiera salvar su vida la perderá; pero cualquiera que pierda su vida por causa de Mi y del evangelio, la salvará.” (Marcos 8:35)